March 3, 2011
Su vicio

Al parecer, para él, conocer gente y hacer amigos era tan importante como lo era el agua para su cuerpo. Lo disfrutaba, como el cigarro que disfruta quien tiene ese vicio. Varias veces se le oyó decir “Conocer gente es como conocer nuevos lugares, con la diferencia de que no se gasta en boletos de transporte ni hospedaje”.

Sin darse cuenta y de manera indirecta, esa libertad le fue siendo coartada de a pocos. Él sentía que ya no era igual, pero no identificaba que pasaba. Poco a poco su alma se fue secando.

Un día le encontraron en su habitación, totalmente seco… era como ver un árbol desvestido a punto de quebrarse. Intentaron de todo, hasta llegar al recurso más poderoso: llamar a todos sus amigos para que de alguna forma su alma se hidratara de nuevo. No funcionó… la sequedad era total.

Pasados los días y sin ver cambio alguno, decidieron llevarlo al bosque. Era imposible creer que se había secado y convertido en eso. No querían deshacerse de él, por lo que el bosque cercano era la mejor opción.

Ahí ha estado por años.

Un día, cuando le visitaban, como normalmente lo acostumbran quienes le amaron en persona y que ahora le aman en ese estado, notaron que hojas verdes habían nacido de sus brazos - o ramas - y se sorprendieron.

Al parecer, encontró una nueva forma de dar vida a su alma: empezó a conocer árboles.